OPINIÓN

Se inicia una nueva temporada en este otoño recién inaugurado, que en otros países es una primavera prometedora, en lo cultural y también en el clima. Y es que mientras unos padecen otros disfrutan. Y así, la crisis que ha bajado del caballo del poder a veinte dirigentes políticos europeos de todas las tallas y pelajes (los más conocidos Sarkozy, Berlusconi y Zapatero, pero no nos acordamos de los nombres de los polacos, griegos, etc.) refuerza a la nueva dama de hierro, Merkel, que más bien parece de titanio. La frase la ha dicho un triunfador, un director de cine, Juan Antonio Bayona, al recoger el Premio Nacional de Cinematografía en el Festival de Cine de San Sebastián. Pero lo podrían decir, y de hecho lo decimos, todos los padres a nuestros hijos, todos los maestros a los alumnos… es una frase tópica, usada y manoseada por todos. Pero es que hoy en día parece que los tópicos son lo único que nos queda.
Tópica es la “apertura” de temporada de unas galerías madrileñas (puede cambiarse por cualquier otro topónimo) que siguen intentándolo a pesar de no creérselo ya ni ellas mismas. Tópica es la realización de una feria en un lugar inaudito: el Matadero de Madrid, convertido en ese cajón en el que echamos todo lo que no sabemos dónde meter. Todo lo que se repite, sin emoción ni misterio, se convierte en algo tópico. Hasta los gestos apasionados de los enamorados acaban siendo aburridos por vistos y sabidos. Entonces, o cambiamos de enamorado o cambiamos de palabras. O las dos cosas. Es decir, hay que cambiar de juego, ni las aperturas solo para “los que saben” funcionan, eso lo sabemos todos, ni todo lo que quiera hacerse sin la convocatoria pública consigue prácticamente nada. El secretismo y el sectarismo de los involucrados en el sector del arte contemporáneo es la llave de su paulatino debilitamiento; un sector endogámico que aburre hasta a sus propios miembros.
Por otra parte las ferias, convertidas en una enfermedad vírica que se transmite por el aire acondicionado, han dejado de funcionar en Europa hace tiempo, claro que en otros lugares no han funcionado nunca. Ahora solo un puñado de ferias estratégicamente instaladas van a poder funcionar con mayor o menor éxito, Miami, México, tal vez Shangai y desde luego Basilea y Londres, que es donde se reparte la carne de la ballena. En los otros puertos tal vez chanquetes y algún salmón, poco más. Naturalmente cada cual lo intentara donde y como pueda, porque es lo que toca y cuando en casa no se vende hay que sacar el género de viaje y ver si hay suerte en otros mercados. Eso es cierto, pero habría que buscar otras opciones a unas ferias repetitivas y ya sabidas, donde solo queda vivo el recuerdo de las ferias que en los años 80 nos dieron la oportunidad de ver todo lo nuevo que se hacía en el mundo y que no se podía ver ni en museos ni en galerías. Pero ese tiempo ya pasó, y ahora en museos, galerías, bienales y ferias vemos lo mismo, mas o menos, mejor o peor colgados, mas o menos revuelto, en un conjunto que se ha hecho repetitivo, tópico, y sobre todo aburrido.
En cuanto a la vuelta de los espacios públicos convertidos en tiendas, como está sucediendo con el Matadero, solo se entiende en una ciudad cuyos gobernantes y oposición (no es una cuestión de ideología, o no sólo, sino de educación y cultura) se vienen limpiando el culo con la cultura contemporánea desde hace décadas. Más que nada porque no le encuentran un uso mejor. Una ciudad que alquila sus espacios expositivos, sus centros culturales para celebrar una boda, un pase de modelos, cualquier cosa, porque al parecer si el arte ya es cualquier cosa, no entienden porque cualquier cosa no puede ser arte.
Claro que cuando el público de todo el mundo va al museo a comer y a comprarse una camiseta y un bolso antes que a ver las exposiciones, cuando las librerías de los museos se vacían de libros de arte para tener bisutería, cacharritos y loza, entonces hay que plantearse que hemos hecho, que estamos haciendo mal. Por su parte la Tate de Londres, con sus mas de cinco millones de visitantes, se empeña en demostrarnos que no todo esta perdido. O tal vez tiene un restaurante excelente y una tienda llena de todo lo que podamos imaginar. Pero cinco millones son muchas personas visitando un museo, aunque sea en todo un año. Tal vez realmente no todo este perdido. Tal vez haya que replantearse los modelos y plantarnos ante lo sabido, lo comido y lo metabolizado y ya convertido en tópico. Y sobre todo, recordar las palabras del director de cine Bayona: sin cultura y educación no vamos a ninguna parte”. Claro que su película se llama “Lo imposible”. Imagen: Joachim De Beuckelaer. El mercado de pescado, 1570 – 1574. Cortesía Hull Museums.