OPINIÓN

Con el calor insoportable de esta segunda mitad de agosto, y la visita agobiante y colonizadora de tanto peregrino con sombrerito, bandera y trozo de pizza en ristre, se me hace difícil encontrar algo que pueda servir para contar con respecto al mundo del arte. NO me parece suficiente que el Museo de El Prado haya alargado su horario y seguramente haya dejado entrar gratis a todos los peregrinos papistas, simplemente me parece de mal gusto y, una vez más, una discriminación frente a todos los habituales visitantes, pero no da para mucho.


La crisis que permanece eternamente ya es deprimente y aburrida, los museos anuncian (los extranjeros, claro) sus inauguraciones de septiembre y octubre… pero es pronto para hablar de esto. Y las elecciones, que seguramente coparán comentarios y noticias desde la vuelta al trabajo de septiembre hasta después de que se hayan celebrado… y me pregunto yo ¿Qué pasará con los previsibles cambios que las elecciones pueden traer? Los cambios en la política y gestión cultural van estrechamente asociados a las elecciones, aunque a veces que gane un mismo partido no significa continuidad. Cuando en la Comunidad de Madrid ganó nuevamente el PP, el cambio de equipo de Gallardón por el de Aguirre significó un cambio sustancial. Y no voy a decir si a peor o a mejor. En el Ayuntamiento de Madrid, siempre del PP, sin embargo no se notó ningún cambio, de hecho sus actividades en relación con las artes visuales sigue siendo nula.


Pero en Barcelona, el cambio de color en el Ayuntamiento amenaza con la supervivencia del Palau de la Virreina como centro dedicado a la imagen e incluso como centro de arte contemporáneo. ¿Se decidirá el nuevo president de la Generalitat Valenciana a tomar cartas en el penoso asunto del IVAM? Caras nuevas, equipos nuevos, formas nuevas. O no. De hecho en Murcia no ha cambiado nada, más que los números rojos en los balances, y se ha pasado con el mismo equipo de querer ser el centro del arte más actual de Europa, con Manifesta incluida, a no tener un euro para mantener ni las salas de la comunidad, dejando La Conservera como único proyecto ¿en marcha? Y al Cendeac, su proyecto estrella, en un precario equilibrio. Y las deudas sin pagar.


En Extremadura con el cambio de partido en el poder temblamos al pensar en el ya experimentado superviviente MEIAC al que nunca ha apoyado ninguno de sus presidentes en la medida en que debería haber hecho, ¿Qué le espera en un futuro inmediato?
En Castilla La Mancha, la comunidad peor dotada en lo que se refiere a infraestructuras de arte contemporáneo, su nueva presidenta no parece interesada en el tema.


No sabemos que pasará ya ni con las Diputaciones, a las que se les recortará actividades y presupuesto, siendo en algunas comunidades, como en el país Vasco, esenciales a la hora de hablar de cultura.


Nunca se sabe nada, si con un gobierno del PP el proceso de implantación del código de buenas prácticas será sustituido por un código de urbanidad, o si por el contrario, y como ha sucedido en los tiempos más duros política y socialmente un gobierno declaradamente de derechas querrá dar una cara de modernidad con un apoyo inexplicable al arte de hoy. No olvidemos que fue una dictadura fascista la que llevó a Antoni Tàpies a la Bienal de Venecia, y que el Museo más chic y más moderno del país, el MUSAC, crece y se mantiene en una comunidad donde el PP gobierna desde hace ya mucho tiempo.


Sólo hay que esperar para ver si pasa algo, y rogar a Benedicto XVI, a Mahoma, o al Dalai Lama, que sea para bien.

Thomas Hirschhorn. Vista de la instalación Too Too Much Much en el Museum Dhondt-Dhaenens, Deurle, 2010.