OPINIÓN

Nunca gozaron de muy buena imagen, pero son imprescindibles. Me refiero a los críticos de arte. Han desaparecido, prácticamente, de la escena artística, víctimas de varios virus y de alguna bacteria. En primer lugar víctimas de su mala fama, de no ser limpios ni independientes. De escribir siempre a favor del viento. De ser la voz de su amo (galeristas, directores de museos, es decir: del poder económico o político, nuevamente el poder). De no tener ni idea de nada. Y sobre todo, acusados de escribir soberanamente mal, imbuidos de una locuacidad abstrusa, de una verborrea vacía y sin sentido. Vamos, de que no los entiende nadie porque nada dicen finalmente y, por eso, nadie se molesta en leerlos.


Podríamos decir que, como en casi todas las enfermedades, llevaban el virus dentro de ellos mismos, junto con la vacuna. Pero la realidad es que la crisis los ha barrido, la crisis y los cambios estructurales del sector de las comunicaciones. Sí, ya no quedan prácticamente revistas especializadas y las pocas que quedan han optado por contenidos en profundidad, por especialización, y sobre todo, han dejado la actualidad, lo inmediato, al proceloso mundo de internet. Ese mundo en el que todos entramos por un rato pero en el que nadie se lee un texto de más de 20 líneas. Es decir, un lugar inhóspito para la crítica.


En la red los críticos que quieren seguir escribiendo han montado sus blogs en los que hacen de todo menos crítica. Porque ese escritor pequeñito que todos llevamos dentro, en algún pliegue de nuestros intestinos, aflora y escribe y escribe y escribe, y prácticamente todo lo que se dice interesa solamente a quien escribe y aburre a todo el resto, tal vez llegando al centro mismo de la esencia del escribir para uno mismo. En la red se hace opinión, se da información y, sobre todo, se copia y pega, se malinforma y se desinforma. En un lugar con tanto ruido es complicado enterarse de algo de verdad.


Un crítico debe escribir independientemente en un medio independiente y solvente económicamente. Hoy en día no hay revista especializada –en España– que pueda mantener a un equipo de críticos que sólo escriban para ella. Sin publicidad del sector, que considera absurdo anunciarse en las revistas, y sin publicidad de nadie ajena al sector porque: A, “si no se anuncian los de su propio sector…”; y B, “esto no le interesa a nadie”, y resumido en un escueto “¿Cuántos impactos”?, la supervivencia de una publicación que quiera desentrañar las cuestiones del mundo del arte y de la propia creación y su relación con el resto de la cultura y de la sociedad, es imposible. Sin embargo, no pasa lo mismo con la crítica en países como Estados Unidos, tal vez Inglaterra y algunos países de Europa del Norte, donde la economía y el mercado siguen siendo estables y donde el arte significa algo y es respetado por la sociedad. Una vez más vemos que no es sólo cuestión de dinero sino de cultura.


Sin embargo, y aunque suene como el grito de una ballena varada en la playa que ve su final cerca, debo defender el valor, la importancia del crítico de arte. Un crítico de arte formado e informado, que sabe escribir de verdad, que sabe comunicar con el lector, sea artista, aficionado, experto o visitante de paso. Una voz que se alce sobre la mediocridad, que opine y de respuesta a las dudas, a los actos incomprensibles y prepotentes. Un crítico no debe escribir solamente del objeto de arte, de la obra, sino también del proceso, de la situación cultural, de las coyunturas políticas, debe saber y debe escribir, tener una opinión propia, sea ésta cuál sea, razonada y coherente. Debe ser inteligente y no decir tonterías por escrito. Debe ser imparcial y ecuánime, honesto aún en el error, o sobre todo en el error. Debe equivocarse porque arriesgue y no por no buscar las razones o por pereza. Debe escribir del color azul y también del rojo, del arte y del poder en el mundo del arte, de las figuras y de los figurones. Debe saber provocar el interés de sus lectores.


Desplazado por una masa de curadores que cada vez se parecen más a las habituales hordas de zombis, la figura del crítico es nuevamente cada vez más necesaria. Cada vez más urgentemente imprescindible.


Imagen: Viñeta publicada en el periódico Le Charivari (1832-1937), medio francés famoso por sus sátiras políticas y por sus duras caricaturas contra el Impresionismo y los nuevos artistas.