No todos los artistas son ricos, es más, casi ninguno lo es. Sí, es cierto, Barceló ha sido recientemente de nuevo proclamado como uno de los artistas más cotizados de la esfera internacional. El pasado 5 de julio se vendió en Christie’s Faena con muleta (1990) por 4.404.507 euros, cifra que le convierte en el artista español “más caro” del mundo. Un puesto que, en realidad, viene ocupando cíclicamente desde hace años y que, sin ánimo de hacerle el traje –y menos ahora con los problemas que dan los sastres– es bastante probable que le permita vivir muy bien. También sabemos de las deudas millonarias de Annie Leibovitz, de los ranchos mejicanos de Hirst o de las casas repartidas por medio mundo que tiene Botero… y suma y sigue. Una minoría que llama la atención, como U2, Lady Gaga o Bill Gates, de la que podemos imaginar su fastuoso día a día, intuyendo fácilmente cuáles son las causas.


Pero ¿y la gran mayoría de artistas? ¿De qué viven? Les vemos participar en exposiciones, talleres, conferencias, acudir a inauguraciones, entregados a lo que parece, desde este lado, una vida dedicada al arte. Pero, en realidad, no todos consiguen vivir exclusivamente de su trabajo como artistas. Hagan la prueba. Pregunten a algún artista que conozcan, y se abrirá ante ustedes un amplio abanico de oficios y carambolas económicas que serían la pesadilla de cualquier madre empeñada en que su vástago haga unas oposiciones, para tener algo seguro, hijo.


Pero ellos insisten. Muchos de ellos son pluriempleados, que no quiere decir que pinten durante los fines de semana, sino que buscan el dinero del alquiler por otro lado y así poder seguir con sus proyectos. Igual que ocurre en otros sectores, porque, hagan memoria: ¿cuántos actores de Hollywood cuentan que han sido camareros o carpinteros antes de recoger un Óscar?, ¿cuántos escritores son funcionarios de ayuntamientos?, ¿cuántos músicos dan clases particulares a niños insoportables? Pues aquí más de lo mismo: muchos son profesores de instituto o en la universidad, otros están en el ámbito del diseño y la publicidad, otros en la industria del cine o entre las bambalinas del teatro y los estudios de televisión. Nada nuevo. Nos viene a la cabeza que Robert Ryman era vigilante del MoMA, el recientemente desaparecido Cy Twombly trabajó como criptógrafo en el Pentágono, John Coplans fundó Artforum, Warhol era dibujante para revistas… Aquí en España, sabemos que Rafael Navarro dirigió durante muchos años una empresa familiar, que Begoña Montalbán es enfermera, Javier Codesal es foto fija de películas, Mira Bernabeu es galerista… La lista es muy larga y curiosa, y demuestra que la rea­lidad de los artistas, al menos la de los españoles, está muy lejos del glamour que desprende el papel couché de los catálogos de las subastas. Para muchos de ellos vender significa sencillamente seguir trabajando, obtener capital para reinvertir en su próxima obra. Pero no hay reproches (…)

Continúa en EXIT Express #60, Agosto – Septiembre 2011, pp. 62-64.

Imagen: Democracia. Eat the Rich/Kill the Poor, Armory Show, Nueva York, 2010. Cortesía de los artistas