OPINIÓN

En primer lugar, dar la enhorabuena a Elena Asins, nuevo Premio Nacional de Artes Plásticas. Reconocer la obra, el trabajo y la experiencia de los artistas que ni están de moda ni trabajan con las galerías más “importantes” de ningún sitio, nunca ha sido la especialidad de este país que se viene conociendo como España. En segundo lugar, darle otra vez la enhorabuena por haber conseguido ser nombrada Premio Nacional de Artes Plásticas siendo mujer, porque sin duda sabrá que son muy pocas, muy poquitas.


Sin duda ha ayudado su exposición en el Reina Sofía y su próxima muestra en el Koldo Mitxelena. Es decir, una atención recibida antes de ganar nada. Conozco la obra de Asins como paseante, ya desde hace muchos años, de galerías fuera de los circuitos, de exposiciones que no son de las que hablan los críticos de arte en los suplementos de los diarios ni en las revistas de cuché. Me la reencontré como participante en concursos de escultura al aire libre siendo yo jurado, y no recuerdo si en aquella ocasión ganó o no, si se hizo la pieza o no. Da igual, me alegro igualmente aunque nunca fui una especial seguidora de su trabajo. Una cosa es el gusto personal y otra el respeto y la valoración personal.


Después del descalabro del año pasado, premiando a un artista por lo que fue más que por lo que es realmente, la elección de este año es paradójicamente más sabia, aunque sospechosamente más segura. El no ganador del pasado año aceptó el premio que más tarde rehusó, entre una decisión y otra debió pasar más de una cosa, además de más de varias copas. La verdad es que Santiago Sierra es un artista que ha alcanzado la fama y la riqueza de una manera rápida e incomprensible, más que nada debido al empuje de críticos y teóricos que ven en él más de lo que nunca hubo ni habrá. Y así van las cosas.


Asins es la otra cara de la moneda. Nunca fue famosa ni seguramente rica (al menos por su trabajo como artista), pero hay sin duda en su obra mucho más de lo que se ve. Y sin duda es mucho más honesta y coherente. Aunque una buena decisión también puede tener un origen complicado y menos inocente.


Una vez dada la enhorabuena, de todo corazón, a esta artista constante y singular, y con esa curiosidad que sin duda me llevará a algún callejón oscuro en un pésimo momento, me pongo a revisar la composición del jurado, las instituciones que proponen a sus componentes… Recuerdo cuando yo misma he sido jurado en Premios Nacionales y en otros muchos premios, concursos y competiciones… Y entonces empiezo a ver una serie de uniones, ligazones, lazos, redes que me secan la boca y no puedo evitar pensar que cómo es que, con la cantidad de revistas de artes que hay en este país (y si quieren más datos miren las afiliadas a ARCE -Asociación de Revistas de Arte de España-) que somos mas de quince de todo tipo y color, con años de dura existencia, se convoca a una revista que sólo tiene un número y que probablemente nunca tenga un segundo número (Estado mental) y que no es de arte para que nombre a un miembro del jurado. Pero es una revista de Borja Casani. ¡Vaya! Luego ADACE (la Asociación de Directores de Arte Contemporáneo de España) elige a Mar Garrido, que supongo que se trata de Mar Garrido Villaespesa, porque si no no sabemos quién es, en lugar de nombrar a un director de algún centro ¡Vaya! El único director de centro de arte es Juan Antonio Alvarez Reyes; y la Asociación de Artistas Visuales eligió a Frederic Montornés, crítico, comisario y profesional del arte serio y avezado. Un jurado del que lo menos que se puede decir es que es dispar. Tal vez el fin compense los medios, aunque los objetivos no son necesariamente el fin de una jugada concreta. Al menos en esta ocasión, la mujer ganadora del premio nacional sí ha tenido una exposición en el Reina Sofía. Seguramente una compensación por otras ausencias irreemplazables e incomprensibles ¡Que país!


Elena Asins. Canons 22, Zarautz, 1996